domingo, 3 de noviembre de 2013

Desastre ferroviario en Nueva Imperial: 5 de agosto de 1902, las víctimas de una negligencia

La consolidación del transporte por ferrocarril a través del centro del país y el auge de nuevas poblaciones alejadas de la Línea Central, pueblos en los que se acopiaba la producción de insumos y productos, y a los cuales era también necesario abastecer para su existencia, vio nacer los ramales ferroviarios. Estas nuevas vías, que conectarían las villas cordilleranas y costeras con el principal camino férreo, también permitirían sacar al comercio nacional y exportar al internacional la producción de productos de aquellas localidades y de sus alrededores. Fue durante la construcción del ramal ferroviario de Temuco a la costa (el proyecto continuaba aquel ramal hasta Bajo Imperial, hoy Puerto Saavedra), que en la prolongación de dichas vías, desde Nueva Imperial  hacia Carahue, hubo necesidad de construir un gran puente sobre el río Chol Chol, en las afueras de la pujante Nueva Imperial. La obra de construcción del gran puente de madera fue adjudicada a suma alzada al contratista particular don Juan Miguel De La Fuente Arrate, con Jorge (George) Howard como constructor de la obra. Howard venía participando en la construcción de obras ferroviarias en Araucanía por más de diez años, y es citado por el ingeniero belga Gustave Verniory en su propia bitácora (conocida como "Diez años en Araucanía 1889-1899"), cuando aquel fue jefe de los carpinteros que construían el viaducto ferroviario provisorio sobre el río Quillem, que el propio Verniory había diseñado: "En el cálculo de los elementos del puente, yo había aplicado un coeficiente muy elevado de seguridad por no tener datos experimentales sobre la resistencia de las maderas del país. Había resultado un imponente cubo de madera donde Huord - Georges Howard - veía cierto despilfarro. Algunos años más tarde, él tomó por su cuenta la construcción de un puente de madera para un ferrocarril sobre el modelo del de Quillén: como lo contrató a suma alzada, por economía redujo notablemente la sección de los postes".


Georges Howard

La revista "Sucesos", editada en el puerto de Valparaíso, en su primera edición del 18 de agosto del año 1902, tituló en su página 13: "Ecos de un nuevo siniestro ferroviario - Las víctimas de CholChol", y nos relata: "A la larga série de desastres ferrocarrileros habidos en el último tiempo, sea por descuido ó imprevisión del personal dirigente de nuestros ferrocarriles, sea por la poca solidez de las obras que para el tráfico y desarrollo de los mismos el fisco ha venido entregando a contratistas particulares, se ha agregado uno más al finalizar la primera semana del mes en curso - el hundimiento del puente de CholChol, entre Temuco y Carahue - desastre que si, como se dice, no ha originado perjuicios materiales á la Empresa de los Ferrocarriles, ha sido, sin embargo, de los más sensible, por el hecho de haber ocasionado desgracias tan irreparables como la muerte del contratista de la misma obra, señor Juan de la Fuente, del constructor señor Jorje Howard y de un empleado de la línea, llamado Alberto Howard, deudo del segundo. El triste accidente, ocurrido, como ya se ha dicho, al ensayar la resistencia de la obra por el mismo señor de la Fuente y las dos personas mencionadas, para lo cual se aventuraron puente adentro con una locomotora y siete carros excesivamente cargados, - ha venido, por otra parte, á poner una vez más en evidencia la irritante desatención que reina, tanto en el personal técnico como administrativo de los ferrocarriles del Estado; pues huelga considerar que si la obra hubiera sido concienzudamente inspeccionada por los ingenieros que paga el Fisco y que tienen el deber de hacerlo, no sería improbable que semejantes desgracias se hubiesen evitado." 


Una vista del desastre, poco tiempo después del suceso de 5 de agosto de 1902

A más de cien años de haber ocurrido aquella tragedia, hoy es posible encontrar y rescatar desde aquel pasado los registros que contienen la dolorosa información de las víctimas. Es así como la defunción del mencionado carpintero Alberto Howard Vivallo, de 30 años de edad, aparece inscrita en el Registro Civil de Nueva Imperial, con el número 163, con fecha nueve de agosto de 1902, señalándose como causa de su fallecimiento en el río Chol Chol, el 5 de agosto, a las tres de la tarde, "ahogado en siniestro ferroviario". La imagen de dicha partida de defunción es posible verla en el sitio Web de FamilySearch.org.

Alberto Howard Vivallo

Un mes más tarde, con fecha 9 de septiembre de 1902 y bajo el número 188, se registró la defunción del ingeniero don Juan Miguel de la Fuente Arrate, de 31 años de edad, consignándose como causa de su fallecimiento la "asfixia por inmersión" (ver la inscripción en FamilySearch.org). La tardanza de la inscripción, que debió practicarse por resolución del Juez de Letras, presumiblemente se debió a la tardía aparición y rescate del cadáver del malogrado ingeniero.
Nicho en el que se depositaron los restos del ingeniero De La Fuente, en el Cementerio General de Temuco

Pese a mi búsqueda de las inscripciones de defunción de otras víctimas, como la del constructor Jorge Howard, no figuran en el respectivo Registro de Defunciones de Nueva Imperial, quedando la incógnita sobre si fueron o no encontrados los cuerpos de las desafortunadas víctimas de aquel desastre ferroviario del puente de madera sobre el río Chol Chol.
Antes de culminar la primera década del siglo XX, un nuevo y vigoroso viaducto de acero fue instalado por "Schneider & Cie", lográndose cruzar el Chol Chol y llegar hasta la Estación de Carahue. Este viaducto permanece hoy en su lugar, siendo esta estructura declarada Monumento Histórico, para orgullo y satisfacción de quienes aman la historia local.
Pese a haberse realizado los estudios técnicos, que incluía otro gran puente ferroviario sobre el río Imperial (en Carahue), nunca se concluyó aquel ramal a la costa de Bajo Imperial, que hubiera llegado hasta la actual localidad de Puerto Saavedra.